El ensayista Rosado se ha dado a conocer en México por otra de sus facetas, muy distinta a la del narrador: su faceta de ensayista. Los siguientes libros dan cuenta cabal de esta actividad: En busca de lo Absoluto (UNAM, 2000), sobre la obra del escritor argentino Ernesto Sabato; Bandidos, héroes y corruptos o nunca es bueno robar una miseria (Ediciones Coyoacán, 2001), sobre tres novelas mexicanas del siglo XIX (Los bandidos de Río Frío, de Manuel Payno; Astucia, de Luis G. Inclán, y El Zarco, de Ignacio Manuel Altamirano); El Presidente y el Caudillo (Ediciones Coyoacán, 2001), estudio comparativo de dos novelas emblemáticas: La sombra del Caudillo, de Martín Luis Guzmán, y El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias; El engaño colorido (Universidad de la Ciudad de México, 2003), que contiene diversos ensayos sobre distintos temas; Juego y Revolución: la literatura mexicana de los años sesenta (EDAMEX, 2005), que además contiene varios apéndices con ensayos sobre autores como Salvador Elizondo, Inés Arredondo, Juan Miguel de Mora, una entrevista a Emmanuel Carballo, así como un texto sobre el compositor Juan Antonio Rosado (1922-1993); Erotismo y misticismo (Universidad Autónoma de la Ciudad de México, en coedición con Ed. Praxis, 2005), estudio de 400 páginas que abarca la literatura erótico-teológica de Juan García Ponce y otros autores en un contexto universal, y, finalmente, Palabra y Poder (Conaculta. Sello Bermejo, 2006), que contiene ensayos sobre el poder simbólico de la palabra. Su libro Entre ruinas, poenumbras, aunque es básicamente un poemario, la segunda parte es una colección de aforismos, el género argumentativo más breve. Muchos de ellos son verdaderos "arranques" de ensayos, o ensayos sintetizados, reducidos a su mínima expresión. El monumental estudio titulado Erotismo y misticismo aborda la obra de muchos autores erótico-teológicos de la literatura universal, particularmente del mexicano Juan García Ponce y de sus mayores influencias. García Ponce constituye el eje de este grueso libro, y en este eje confluyen desde los antiguos textos eróticos y místicos de Egipto (El papiro de Turín) hasta Pierre Klossowski, Musil, Salvador Elizondo, Inés Arredondo, pasando por los textos y autores místicos de la antigua India, del mundo árabe y judío, así como de la Edad Media europea y poetas como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. El engaño colorido (2003) y Palabra y Poder (2006) son un volúmenes misceláneos compuesto por textos que abarcan diversos temas con un lenguaje claro y alejado del academicismo. Si es cierto que, en su mayoría, las reflexiones que componen estos libros fueron publicadas con anterioridad en revistas literarias o suplementos culturales, las versiones que se ofrecen en los librosfueron revisadas, corregidas y, en algunos casos, aumentadas. Los temas que se tratan están marcados por la heterogeneidad, en gran medida porque los textos fueron escritos durante más de diez años de labor ensayística. El engaño colorido se divide en cuatro partes. La primera, titulada “Mitos”, se inicia con una reflexión –desde un punto de vista básicamente teórico- en torno al problema del mito y su aplicación en la literatura. Rosado propone una lectura ecléctica (y no unívoca) del texto literario. A continuación, incluye un desfile de reflexiones en torno a algunos de los “mitos” culturales y literarios paradigmáticos de Occidente: desde Don Quijote y Fausto hasta los terribles dictadores latinoamericanos, pasando por esa mezcla de “mito urbano”, “héroe” y “antihéroe” deserotizado y narcisista, para quien el otro sólo existe en función de su propia subjetividad; ese individuo urbano y solitario llamado por Dostoievsky “hombre del subsuelo”, así como sus muchas reencarnaciones en la novelística europea e hispanoamericana. Asimismo, en esta parte no se deja de lado un ensayo sobre el mito de la “identidad” del mexicano creado por autores como Samuel Ramos y Octavio Paz, mito que ha tenido (y tiene aún) gran injerencia en la cultura y en la educación, y que ha reforzado o modificado patrones de conducta. El autor aborda este “mito” desde una visión crítica y revisionista. “El problema de la representación (Arte y erotismo)” es el título de la segunda parte, y comprende una serie de ensayos elaborados a partir de un enfoque ritual. Empieza –como la primera parte- con un ensayo de índole general, titulado “Erotismo, misticismo y arte”. Para Rosado, lo que asemeja al arte y al erotismo es justamente su carácter ritual, ceremonial, así como su poder de seducción, que emana de su propia esencia: “tanto el arte como el erotismo –afirma el autor- están movidos por el mismo sentimiento de entrega, de abandono de la identidad para aliarse a una experiencia estética en que el placer y la vida, la imaginación y la sensualidad, el juego creativo y la diferencia en la repetición se funden”. En otro ensayo de esta misma parte, el escritor aborda las presencias del Eros (el Amor) y el Tánatos (la Muerte) a partir de la figura del Marqués de Sade. “El engaño colorido”, el ensayo que le da título al libro, trata básicamente del problema de la representación artística. Toma como base e inspiración un conocido poema de Sor Juana Inés de la Cruz para afrontar el “idealismo esteticista”, el prurito por una “era estética” en Friedrich Schiller, José Vasconcelos y, fundamentalmente, en el prolífico narrador erótico mexicano sobre el cual, además, se incluye otro ensayo: Juan García Ponce. No podía faltar un acercamiento a los fenómenos del deseo y de la memoria (Mnemosine). La memoria es, para Rosado, “madre y protectora de las artes, pero, además, el único principio que le otorga cohesión a un yo que se transforma constantemente y que, por tanto, es ilusorio”. La memoria y el deseo, el erotismo y la representación artística son, para el autor, “facetas que se hermanan en el cuerpo de carne, en el cuerpo real, pero también en el cuerpo del texto”. El título de la tercera parte, “Contiendas” es entendido por el escritor en varios sentidos debido a los ensayos que allí se reúnen: “Mercadotecnia y literatura”, “A la mira del consumismo”, “La pérdida de centro rector” y “Las tres caras de la guerra”. El primer ensayo intenta examinar el vínculo entre la escritura y el mercado, en el que aquélla tiene que albergarse y mostrarse complaciente para ser difundida. Se trata de una crítica a ciertas instancias mediadoras, así como a los privilegios y a las “mafias” literarias que acaparan la difusión. El segundo texto explora algunas zonas del fenómeno del consumo a través de diversas utopías del siglo XX. Allí se examina el movimiento hippy, el movimiento punk y el ecologista. La tercera reflexión toma como base el libro Locura y democracia, de Robert Dufour, para adentrarse en algunas consecuencias de la pérdida de centro rector; es decir, en la interpretación de la sentencia del filósofo Friedrich Nietzsche: “Dios ha muerto”. El último ensayo de esta parte –escrito a raíz de la ofensiva de los Estados Unidos contra Irak- se centra en un fenómeno contrario al erotismo: la guerra y las tres facetas que, a juicio del ensayista, la constituyen. “Los textos de esta parte –dice Rosado- tienen en común la disputa, el conflicto, la crisis...” “Tres semblanzas de la otredad” (última parte del libro) contiene evocaciones de autores disímiles aparentemente, pero unidos por un intenso deseo de internarse en zonas alejadas del yo y, al mismo tiempo, paradójicamente, a partir de una visión muy personal. La tragedia de Federico García Lorca es analizada como consecuencia de ese deseo de comprender y acaso acceder al otro: “De los gitanos a los negros, las clases marginadas por el hecho de ser distintas acapararon el interés de este poeta”. En la segunda evocación, el autor contempla una región particular de la poesía de Rafael Alberti: el mar, con todos sus símbolos, como el otro en quien el poeta se integra o penetra. La tercera semblanza constituye una reflexión sobre la obra de E. M. Cioran, una obra que para Rosado es acaso inclasificable, producida desde una experiencia de “ruptura-desgarramiento” con el entorno: desde la experiencia de sentirse y saberse otro. Para Juan Antonio Rosado, la experiencia de la lectura y de la contemplación nos hace otros. Sólo la memoria puede negarse al cambio, aunque sólo ella –al mismo tiempo- puede dar cuenta de ese cambio y propiciar otros. ¿Qué sería de la representación sin la memoria?, se pregunta el autor. Lo significativo es acceder a la otredad, enriquecer nuestro yo y volverse otros, sin dejar de ser los mismos. Como puede apreciarse, El engaño colorido es un libro variado, donde el ensayista ha rebasado las fronteras de lo académico para abordar y hacer pública su propia concepción del mundo y de la literatura. “Todos los ensayos aquí reunidos –expresa el autor- son el resultado de una pasión, de un diálogo constante con la lectura y del impulso por expresar ese diálogo”. Mayra Inzunza, en la cuarta de forros de esta bella edición de la Universidad de la Ciudad de México, afirma, entre otras cosas, que “éste es un título novedoso” porque “expone nuevas maneras de enfocar autores conocidos” y “propositivo” porque “propone acercamientos que emparientan nuestra tradición con otras, ya sea cercanas, como las árabes, o lejanas en apariencia, como serían las hindúes”. Rosado, en efecto, demuestra un conocimiento que va más allá de la cultura Occidental del presente e intenta acercar y relacionar modos aparentemente lejanos de entender el mundo. La original portada de El engaño colorido fue elaborada por el arquitecto y pintor Eduardo B. Rosado. El libro puede adquirirse a mitad de precio con credencial de estudiante en la sede de la Universidad de la Ciudad de México (Departamento de Publicaciones). Por su parte, en Palabra y Poder su autor regresa, a veces desde un punto de vista más profundo, a muchas de las obsesiones y temas de El engaño colorido. Si esta última obra está compuesta por 19 ensayos, Palabra y Poder contiene 16. Los dos temas preponderantes son la palabra como Logos, como origen y destino, como escritura y representación, y la violencia, el poder. Algunos ensayos se titulan: “Palabra y podr”, “Carta imaginaria a José Bergamín”, “El eterno espectáculo de la representación”, “Armas y letras” (sobre un discurso de don Quijote), “El derecho y la palabra”, “La letra y la sangre”, “Veinticinco años sin Henry Miller”, “Pier Paolo Pasolini a treinta años de su muerte” y “Modales de la divinidad”. En el “Prefacio” a Palabra y Poder, afirma el autor: “El ensayo es la mirada que interroga y al interrogar dialoga. Conversar con el entorno, con los objetos que ejercen en nosotros una intensa atracción, puede constituir uno de los movimientos más fructíferos en el campo de la cultura, siempre que esos objetos no sean simples cosas, sino que el lenguaje los eleve al rango de verdaderos designios. Ese centauro de alma dialéctica —el ensayo— es el resultado de un impulso que revela una o diversas experiencias personales —y por tanto culturales— con el mundo que nos rodea. El ensayo literario, en particular, no se contenta con experimentar el placer o el malestar estético ante la lectura o recepción de una obra de arte, sino que intenta traducir —en la medida de lo posible— ese placer (o ese malestar) en palabras, desde un cuestionamiento a menudo racional, pero en el que además interviene la pasión, sin la cual no habría ningún género de impulso.” Entre ruinas, poenumbras (2008) incluye aforismos sobre la filosofía, la religión cristiana, la intolerancia, la otredad, la historia y el ser humano en general. Estos textos se mueven entre la ironía y el pesimismo; entre la burla y la seriedad. |