Las narraciones Para el narrador y ensayista Armando Pereira, la escritura de Juan Antonio Rosado es “sólida, segura de sus propios recursos, sin transigir nunca con las modas del mercado”. Se trata, en efecto, de una prosa simultáneamente lúcida e intensa, llena de pasión, pero también de provocación y trasgresión de las normas convencionales de conducta. El cuerpo desempeña un papel primordial. Los personajes, muy bien trazados, encarnan en sus realidades y cobran vida propia. Todos ellos se mueven en situaciones extremas; por ejemplo, la conflictiva Claudia, en el cuento “Revelación”, o el inestable Arturo Tulela, en “Vuelta de paseo”. En ambos relatos, las interrogantes existenciales se abrazan con el absurdo y con la farsa. Aunque se hallen en situaciones aparentemente increíbles, los personajes son fieles a su lógica interna y por lo tanto se muestran, ante el lector, como verosímiles y únicos. El manejo del lenguaje en ambos relatos es magistral: desde la plasticidad de las descripciones hasta la representación del habla de un borracho y la tensión del monólogo directo. Otras veces impregnado con intenso lirismo, el lenguaje nos sacude violentamente en cuentos como “El nombre en el espejo”, relato perturbador sobre una prostituta que desconoce su propio nombre al tiempo que experimenta la desintegración de su cuerpo en los barrios bajos de la ciudad de México. En cambio, en cuentos como “Destino de átomos”, el lector es impulsado simultáneamente a la risa y a la desesperación. En esta última historia, se destaca la tensión narrativa, ya que se nos retrata a dos individuos que se pierden en coche por los laberintos circulares de la gran ciudad. El único referente “lógico” llega a ser un perro atropellado frente a una panadería. Los dos personajes tienen que acceder a una transformación radical para “escapar” (entre comillas) de su condición. Sin dudas, la sensación que más experimenta el lector al leer estos cuentos es la incertidumbre y la sorpresa. Desde el primer texto, “Las luces opacas”, los personajes se enfrentan a una situación incomprensible, que cobra dimensiones metafísicas. Ante tales circunstancias, el lector se siente atrapado en una atmósfera en que predomina la duda, la ambigüedad y el temor al vacío. Por el contrario, “Higiénica entrega”, relato sobre una joven prostituta, es crudo y directo, pero a la vez intenso y poético. Nuevamente, se destaca el carácter esquizofrénico del ser humano, como también ocurre en el relato de tema amoroso “Prótesis”, sobre la otredad, y cuyo protagonista tiene dos personalidades opuestas e irreconciliables. Otro ejemplo de este carácter esquizoide del ser humano es el cuento de ciencia ficción “Florido laude”, donde no sólo descubrimos una parodia de la modernidad (¿o de la posmodernidad?) y una ironía contra el hombre, sino también el tema ecologista y la crítica a los valores de consumo, íntimamente relacionados con la ciencia y la tecnología. El relato trata sobre una compleja operación quirúrgica: los trasplantes, ya no de órganos internos, sino de miembros corporales y de cabezas. El mundo que allí se nos retrata es un mundo grotesco, circense, sin identidad definida. En el cuento que le da título al libro, “Las dulzuras del limbo” (de tema erótico), el lector hallará también un final sorpresivo y desconcertante. Un hombre que ha fracasado en dos matrimonios entra en una serie de conflictos internos cuando, de repente, casi sin advertirlo, se encuentra envuelto en una situación sumamente inesperada y embarazosa. Para el novelista Agustín Cadena, Las dulzuras del limbo, primer libro de cuentos de Rosado, presenta a un autor que “no sólo es un ensayista lúcido y riguroso, sino también un narrador capaz de articular una visión orgánica del mundo”. La bella edición de Las dulzuras del Limbo, en cuya portada aparece una obra del pintor José Luis Cuevas, puede obtenerse a mitad de precio en Dr. Vértiz no. 185, interior 000. Colonia de los Doctores. Ciudad de México. Contacto: 57 61 94 13 edpraxis@yahoo.com.mx Además de los nueve cuentos que integran este libro, Rosado es autor de muchos otros no incluidos aún en libros, pero algunos de ellos sí en revistas. Por ejemplo, el cuento “Ecce Homo”, sobre la tortura y la resistencia del cuerpo a morir (pese a los deseos de la mente), apareció en el primer número de la elegante y lúdica revista El puro cuento (verano, 2006), editada en formato de libro por Editorial Praxis. Otro cuento de Rosado, “El drama de Calixto”, ambientado en la antigua Roma, apareció en la revista La Colmena(Toluca, julio-septiembre de 2005) y en el tercer número de la revista El puro cuento (primavera 2007); una versión vieja de "La importancia del condimento", cuento sarcástico, de humor negro y ácido, soez y escatológico, apareció en El tropo a la uña (Cancún, México, abril-junio); el cuento "El miedo lejano", que se desarrolla durante el terremoto de septiembre de 1985 en la ciudad de México, fue publicado por La colmena, no. 57 (Toluca, enero-marzo de 2008); En la revista Blanco móvil próximamente aparecerá una antifábula sarcástica: "La hormiga y la cigarra", sobre los fumadores. Su novela El cerco (Ed. Jus, 2008) trata básicamente sobre el narcomenudeo en las escuelas, la violencia que en éstas se genera, el paso doloroso de la niñez a la adolescencia, el acoso escolar y el proceso de degradación de ciertos drogadictos. Es una obra intensa, violenta y a la vez lúdica, con viñetas irónicas al final de cada capítulo y una caricaturización de las situaciones implicada en los títulos de los mismos capítulos (tomados de canciones o cuentos de Cri-Cri); hay alguna cita deliberadamente errónea y una intertextualidad con algún cuento de Las dulzuras del limbo. La estructura es fragmentada y se utilizan muchos recursos: desde el diario íntimo hasta diversos narradores; desde la polémica hasta la retrospección (flash-back), etc. De esta novela, ha escrito la narradora sinaloense Eve Gil: "En un tono entre lúdico y poético que nos hace recordar al James Joyce de Retrato del artista adolescente, Juan Antonio Rosado desarrolla —entre otras— la historia de Sergio, un abogado que recuerda su infancia en un represivo colegio religioso donde el quebranto de la inocencia sobreviene de forma tan inesperada como definitiva. Será en ese ambiente, supuestamente apartado de los riesgos espirituales y materiales de la vida mundana, donde este protagonista narrador —aclaro que la novela posee varios narradores, distintos puntos de vista— incursionará, primero, en la pornografía y, luego, en el consumo de drogas. Como el Stephen Dedalus de Joyce, se debate entre la noción de pecado, el sentimiento de culpa y un deseo que no sabe nombrar y menos dominar. Sin embargo, la obra también nos muestra el proceso de degradación del primo y 'mejor amigo' de Sergio, un adolescente llamado Marcos, cuyo defecto físico y otras singularidades, lo convierten en víctima del acoso escolar por parte de otros compañeros. es así como Marquitos se refugia en las drogas y en el narcomenudeo. Profesores y alumnos, primos y hermanos, criadas, narcotraficantes sin escrúpulos y hasta un padre de familia alcohólica cuya historia es narrada por él mismo de forma inversa a las demás historias (de presente a pasado), mediante el recurso del diario íntimo... son algunos de los personajes que constituyen esta galería de tramas entrecruzadas, sueños, violencia verbal y física, así como de pérdidas y aprendizajes". |